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    La predicación

    Pablo es un maestro de predicación. Una lectura veloz de sus lecturas podría hacernos pensar que hablase directamente, sin una preparación particular, «inspirado» por el Espíritu, por lo tanto en contraste con los predicadores sofistas de la época, con amplios discursos a menudo vacíos. Justo al revés. 1 Co 2,1-5 nos revela los mecanismos fundamentales de su predicación. Cierto, Pablo se opone a esta retórica vacía, en busca de una brillante visibilidad, muy en voga en aquella época, pero viene de una buena escuela y conoce bien cuál eficacia otorga a un discurso una buena aplicación de reglas fundamentales de la retórica griega. Él coloca estos conocimientos al servicio del Evangelio. Este pasaje de 1 Co 2 nos da una enseñanza preciosa que conviene examinar con atención.

    Pablo desarrolla una teología de la predicación. El Apóstol recuerda sobre todo que su misión es la proclamación de Jesús como Mesías, pero un mesías crucificado. Esta proclamación de la muerte del Señor es central. Aquellos que participan de la mesa del Señor proclaman su muerte (1 Co 11,26), la palabra de Dios se proclama en las sinagogas (Hch 13,5). Él dice a la Iglesia de Roma que la fama de su fe se expande en todo el mundo (Rm 1,8). El aspecto que viene subrayado es la presentación en el campo público. No se lo tiene que entender necesariamente como una proclamación en público, en ambientes o en edificios públicos. Esto habría obligado a Pablo a asumir el estatuto de orador público, lo cual habría dañado su posición en Corintio. Pero la proclamación permanece pública, es decir, que no comunica una enseñanza esotérica a un grupo de iniciados, más bien narra eventos a todos aquello que lo quieren escuchar.

    Pablo rechaza usar, como hacen los predicadores de la época, lo que gusta al auditorio pero que les impediría comprender el Evangelio. Renuncia a predicar con el fin de obtener un efecto, en el sentido de hacer una especie de desfile delante de un auditorio que ha sido seducido. Esta proclamación es el anuncio del misterio de la Cruz. Sólo quiere presumir de la Cruz del Señor. Aquí está todo el contenido de su mensaje, el resto es solamente comentario. Él mismo encarna esta realidad. El Cristo Crucificado vive en él (Ga 2,20)

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Carmen Portela / Director Asistente

           Departamento de Catequesis Familiar / Diócesis de Phoenix

cportela@diocesephoenix.org