18 de junio del 2008
Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo:
El fracaso no lo puede lograr. El cáncer no lo puede lograr. La adicción no lo puede lograr. La depresión no lo puede lograr. – ¿lograr que? Nada nos puede separar del amor de Dios (Cf. Rom 8:31-39). Nosotros celebramos El Año de San Pablo (28 de junio del 2008 – 29 de junio del 2009) para profundizar nuestra convicción acerca de las verdades de la fe como esta que está grabada por este gran Apóstol a los Gentiles y que renuevan nuestras esperanzas.
El Papa Benedicto XVI nos ha llamado a iniciar la celebración de todo este año durante la Vigilia de San Pedro y San Pablo, día 28 de junio del 2008. Durante este año, nuestro Santo Padre nos ha invitado a fortalecer nuestro amor hacia la palabra de Dios como una forma para honrar al Apóstol quien no ha sido excedido en su celo de la proclamación del Evangelio. También nos invita a rezar y a trabajar por la unidad entre todos los bautizados, recordándonos las formas como San Pablo pedía constantemente por la reconciliación entre todos los nuevos conversos a la Iglesia Cristiana
Este Año se conmemoran veinte siglos desde el nacimiento de San Pedro lo cual será celebrado a través del mundo, y especialmente en Roma, donde el se convirtió en mártir, fue enterrado y honrado con la magnifica Basílica de San Pablo Extramuros. El Papa Benedicto también exhorta a todas las Diócesis locales a que comiencen llenos de gracia el Año Santo.
Aquí, en la Diócesis de Phoenix, planeamos hacerlo de las siguientes formas:
Además de las intenciones especiales que cada persona pueda traer al peregrinaje, también les pido que hagan oración y que ofrezcan sacrificios por las intenciones siguientes:
Una Indulgencia Plenaria es una ofrenda especial ofrecida por Dios a través de la Iglesia, para ayudarnos a obtener la pureza de corazón y la santidad en la vida. De acuerdo al Catecismo de la Iglesia Católica, (#1471), una indulgencia, es “la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa.” Se entiende mas fácilmente en la luz de las promesas de Jesús de estar siempre con Su Iglesia, y Su deseo de proveernos con todo lo que necesitamos para que se nos perdonen nuestros pecados y que se nos restaure una unión llena de amor con Dios. Como dijo Jesús (Jn 15:5), “Yo soy la vid y ustedes los sarmientos. El que permanece en mi y yo en él, ése da mucho fruto, pero sin mi no pueden hacer nada.”
En el Año de San Pablo, unámonos con alegría a nuestro Santo Padre y a nuestros hermanos cristianos alrededor del mundo, buscando una mas profunda conversión y santidad en la vida, imitando el celo evangelizador de San Pablo, y amando a Cristo con un Corazón sin división.
Sinceramente suyo en Cristo,
![]()
+Thomas J. Olmsted
Obispo de Phoenix